Las principales compañías farmacéuticas investigan o ya han lanzado medicamentos efectivos para combatir y prevenir la epidemia de diabetes. Sin embargo, algunos expertos recomiendan otras alternativas mucho más simples y también baratas para los sistemas de salud.
En España y en las sociedades occidentales esta patología caracterizada por la hiperglucemia o defecto en la secreción de insulina que está asociada a la obesidad está haciendo estragos. Se contabilizan 2,5 millones de diabéticos y en veinte años la cifra puede llegar a los cuatro millones. La diabetes ya constituye la tercera causa de mortalidad en las mujeres (17 defunciones por 100.000 personas) y la séptima en los varones (con una tasa similar a la de las mujeres en el mismo periodo). Además el 10% de los ingresos hospitalarios (390.000 altas) en los centros sanitarios españoles son achacables a la diabetes.
Una de sus principales causas es el sedentarismo, que unido a una mala dieta ha hecho que el 14% de la población adulta española sea obesa y explique los esfuerzos del Ministerio de Sanidad por contrarrestar esta realidad con su Estrategia NAOS.
De las soluciones apuntadas una es la medicación. Las principales compañías ya han recorrido el camino de la I+D para ofrecer nuevas soluciones a los pacientes y prevenir la temida enfermedad.
Pero los expertos también advierten que cambios en la dieta y en el estilo de vida son tan eficaces como la administración de medicamentos. Médicos de la prestigiosa Facultad de Medicina de la Clínica Mayo de Rochester (Estados Unidos) han cuestionado los resultados de un reciente estudio publicado en The Lancet sobre el uso de medicamentos para prevenir la diabetes. En opinión de este grupo médico, es tan efectivo o más promover dietas de adelgazamiento que tomar medicamentos, para regular la glucosa y no acabar desarrollando esta enfermedad.
Los médicos advierten además del peligro de convertir a personas sanas en pacientes, y de que el mensaje lanzado a la sociedad, de que nadie es responsable de su propia salud y se pueden reducir los riesgos de la enfermedad sin cambiar estilos de vida, han demostrado ser muy nocivos para la salud y también para las arcas del Estado.